martes, 13 de septiembre de 2022

MARIA OTALEAR

 Maria Otalear


Indígena del sur de america, quien ha realizado diferentes encuentros de mujeres liderezas y jovenes que buscan la transformación social y economica de los pueblos del abya yala.

Hija de Jose Yalatar y Mercedez Chala, paso su infancia en los alrededores de Huasicama y viajo desde pequeña por las quebradas y hondonadas de su región. Cuentan que el Profesor Jose Arguedas dio clases en su edad temprana y de él aprendio a leer los signos tallados en las piedras, las normas de gobierno que violaba los derechos de los pueblos indígenas y las obras de antropologos que los habían colocado en el escenario de la exhibición.


UNA DE SUS FRASES MAS IMPORTANTES ES: "No se nace en la tierra para morir, se nace para volver al origen" cuyo efecto político en las comunidades indígenas, campesinas, agrarias del sur permitió la liberación de lo que en su momento se llamó: liberacion de la tierra madre.


sábado, 10 de septiembre de 2016

Libro Tog Boa . By Shihab.

Tog Boa. 

By Shihab.

Narra cinco relatos y dos exploraciones de escritura entre ciudades y juegos monologantes en torno a la escritura, lo flameable, el limite de lo visible y la saturación de lo sin imagen.


enlace de descarga: 

https://drive.google.com/file/d/0B9QCeLgC2PmEeDhLdy1aSHdUZkk/view?userstoinvite=natavet@gmail.com&ts=57d41465


sábado, 21 de febrero de 2015

O pensamento indígena


La Mirada del Jaguar, de Eduardo Viveiros de Castro: Booktrailer

La Mirada del Jaguar, de Eduardo Viveiros de Castro: booktrailer




Entonces... multinaturalezas, una lectura en el meollo mismo de la alteridad, en la trama y traza que rompe la continuidad de los discursos colonizadores.

entre-vistas

 Silvia Rivera Cusicanqui + Boaventura de Sousa Santos


Otras latitudes del pensar.

Pensamiento Watunna: la cosmopolítica como ampliación de la ecología - Juan Duchesne-Winter



Pensamiento en alteridad, en el encuentro con otras palabras y otras miradas desde los estudios interdisciplinarios del desarrollo.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Tinkuna.
-Los caminos por venir-[1]

soplos y visiones 2013.


Por: Fernando Guerrero F.

"Esta palabra es como el agua, Va, danza en la lluvia y escribe en la sangre de quien camina el territorio. Esta palabra trae los silencios del páramo, busca entre las hendiduras de la piel, esos vocablos que se han escrito en el paso de la historia. Esta palabra es como el agua y el barro, cuando se unen a quien la escucha, Moldea el gesto por donde la noche trafica sus constelaciones"


Cuando se camina el territorio, se empieza a escuchar de otro modo los vocablos que trafican los días de la infancia. Uno en ocasiones no camina con el latido de cada una de las cosas que nos rodean, uno en ocasiones es un poco desprevenido, despistado, deja de escuchar el sonido de la hojarasca crepitando entre las orillas del tiempo, poco caso se hace a la aurora en donde el grillo escarba las complicidades del sueño y la vigilia.

Estas palabras, son parte de un camino, como todo camino, el horizonte siempre es y será incierto, uno no sabe a quien escribe, para quien, o desde donde, uno, simplemente deja llegar y confluir el incesante universo de creación que hay detrás de cada vocablo. En ellos, cada historia busca un modo de nombrarse, de contarse, de llegar y abrir una senda de significados y traducciones infinitas, porque así es el acto de escribir, una destinerrancia sin destinatario previsto, porque, uno no llega a saber quien será el lector de las paginas que han llegado a tomar vida propia.

Los libros, son muertos vivientes –me diría un gran amigo y maestro escritor, Bruno Mazzoldi-, y fue con el pasar del tiempo que fui entendiendo ello, que fui reconociendo esa frase en muchos de los caminos en donde escribir era despertar aquello que parecía estar oculto y escondido de la memoria de los que habitan nuestras regiones.

Nuestra memoria, esa memoria que trae el canto de los altos paramos en el sencillo movimiento del frailejón, esa memoria que deja escuchar el canto de los gorriones en las eternas tardes de variados colores donde todo se incendia de poéticos ardores, esa memoria que trae la voz del agua y deja hinchado el corazón por el canto olvidado de los ojos de agua, esa memoria resuena cada día y se hace latente cuando caminar un territorio se convierte en el despertar de la tierra y el renacer de la historia que se ha escondido a nuestros ojos y oídos.

Se hace necesario escuchar dislocando el oído y la mirada, colocando en sitios distintos nuestros sentidos, para así impregnarse del perfume y hedor palpitante de la memoria antigua que se riega por cada uno de los caminos en donde se viven los andes. Se hace necesario que el corazón teja la noche en sus manos, que sean sus manos las que deletreen esos alfabetos inasibles por donde la tierra ha escrito otra historia; se hace necesario regresar a las fuentes y lanzarse sin temor a escribir en el movimiento y cambio de estas, porque ya se ha vivido el tiempo del nacer del trigo, y ahora se esta danzando en el estallido de la montaña, tras el velo extraño de lo que vamos llamando progreso.

Las generaciones que va llegando, unas sensibles, otras despreocupadas por la tradición y el re-conocimiento de los saberes de antigua, viven una crisis de la memoria, se empeñan en conseguir los ideales de razón y progreso que vacían de sentido la vida que vivimos. Queremos la estatua del silencio en medio de un jardín de floridos vuelos de minacuros, preferimos el avasallador y desgastante ruido de las calles solitarias, al transito entre quebradas y manantiales que cuentan otra historia nacida en la semilla del sol al topar el canto del verano. Nuestras generaciones están en el hilo desgastado del olvido, penden entre dos mundos que colocan en crisis sus decisiones, escinden su palabra y con ello su historia, porque, ya casi no se cuentan las historias del fogón, ni se aviva el calor de la tulpa para escuchar aquello que en estas regiones hacia incendiar la memoria.

En medio de esta crisis, van apareciendo voces diversas que van contando la historia de estas regiones, mayores, taitas y sabedoras, médicos tradicionales, danzantes y  chasquis que van tejiendo otros vocablos en medio de la palabra que invisibiliza el andar de una región encantada.
Tinkuna, es parte de un camino con varios amigos y sabedores que incendian con su palabra el corazón. Tinkuna es el salir hacia la media noche hacia el alto paramo, para escuchar si aun el gritón o la madre monte hacen temblar el cuerpo en medio de una luna llena. Tinkuna es beber de las aguas de las piedras y los mullus, donde se encuentra depositado la sabia andina que da fuerza y vigor al corazón para la guerra y el camino. Tinkuna es encontrarse con los cuatro vientos que golpean el cuerpo en el lugar sin destino que es la palabra, y prendarse de esos vientos para viajar ligero y tranquilo en las cuatro regiones de estos tiempos. Tinkuna es deletrear los colores del ambiwaska para volar con el colibrí en los jardines de juan chiles, tinkuna es danzar con las antiguas escrituras talladas den las piedras cuya espiral es un infinito viaje hacia lo desconocido que somos. Tinkuna es mirar el paramo y sentir la antigua danza de venado rojo, para que ahí, el rojo de las montañas se vuelva el color cobre que da nombre a los andes, porque andes es en quechua ANKI, montaña de bronce bañada por el sol.
Tinkuna es una hoja de árbol que aun viaja en el viento, semilla y palpitar de un camino extenso que aun no termina, que quizás no tenga termino puesto que ya de por si, estos vocablos que a ustedes llegan, se hacen un puente y una Chakana en donde va el corazón enfermo.

Aquí va Tinkuna:
“Libro del monte, libro de la selva, libro de fuego escrito en las páginas del desierto, libro del ritmo depositado en las olas del mar, libro del agua cantora tejida en las manos del runa andino. Libro cuyas palabras se despiertan alrededor del fuego, en noches estivales y de embriagues lucida con el universo.
Soplan al fuego para avivar vocablos de escrituras sagradas, talladas en las piedras de los altos paramos, unos a otros, cara a cara, canto a canto, se entregan a la danza, se mueren por un instante, se nacen haciéndose fraternales en el abrazo, en la caricia, en las distancias que acercan al oír el canto nacido en sus corazones.
Las palabras nacidas por el fuego de otras voces y otras lenguas en las cuales se escuchan, brillan con luz propia, y en la luz de cada astro, teje a quienes las escuchan en un viaje interminable.
Escuchan los rumores del fuego: del fuego ardiendo en el libro nacido al dormir en el sueño de la selva, en las páginas inmemoriales teñidas en sus cuerpos selváticos: Montes, paramos y desiertos escritos en la sangre, Arroyos del tiempo bañando sus cuerpos escribiéndoles con la tinta de una tierra encantada.”

Ese caminar por estas regiones, este escuchar lo que aun se cuenta y comunica alrededor de ese otro fuego antiguo que nos convoca en la palabra, ese caminar sin tiempo ni edad, es quizás uno de los riesgos que se asume al navegar por el insondable territorio hechizado que nos rodea en la palabra, porque:
“Los cerros hablan en su lengua, en aquella musicalidad tallada y escrita en las hojas de los árboles, traducida por el canto de las aves y el paso de los ríos llevando cantos de luminosa emancipación.
Todo se inventa nuevamente, las palabras llaman otras palabras, los cantos son hablas de gente poblando las alturas de los cerros, las profundidades de los abismos, debajo de abajo, saliendo en las formas oídas y miradas al mover las manos.
Las plantas tienen espíritu, samay dijo el taita, escuché el samay de la piedra, de la nube, de la montaña, una entre tantas, una entre muchas, somos así, llenitos de hablas, somos la piedra, el canto de esa ave, la música de las hojas al caer en la arena, cada uno una hoja, una piedra, un grano de arena viajando en las páginas de la tierra.
Los cabellos hilan el saber de una tierra, las manos acarician los cabellos en cada mañana, finos hilos de araña entre finos hilos de la noche, sienten como si las cascadas en la noche hubieran bañado de brillo su cabello, con otras aguas, con músicas y tinturas de la selva, como si en el sueño las palabras del sueño ya no fueran las mismas, tal vez estarían hiladas al paso de los astros y el sueño de la aves en la silenciosa armonía del himno nocturno. Ahí se canta, se sopla, se vuela en las palabras, nombramos en el resplandor del día y el día aparece entre la negra claridad de las cosas, de las formas, ahí los ojos bien abiertos y el oído bien despierto y atento.
El canto de los taitas se acerca cada vez más, está aquí y está en aquella lejana tierra de exilio, los escucho, llegan, sonidos de cascadas, galopar de caballos desbocados, vuelo de colibríes y gruñido de tigres, aleteo de escarabajos y cigarras, caminata de hormigas y aleteo de mariposas, cantos de ranas y melodías del río en el río de la vida.”
Ese canto, ese transitar de la vida en cada uno de nuestros pasos: ¿cómo lo vamos tejiendo a la voz de los que vienen?¿como estamos hilando esos saberes a una generación que va dejando su palabra en prenda con un desgaste de la memoria y queda en deuda con la responsabilidad de hacer visible el canto de una región diferente a otras?
Hablo aquí de un canto, del canto que cada uno tiene, de la historia y la memoria que cada uno es, de esas maneras de confluir entre historias para hacer la propia, la que es diferente en Mozambique, en Shanghái o Bogotá, la que hace percibir que cada uno es de una región, que desde una sencilla casa en la vereda de macas o un caminar por el alto tutalchak se puede contar el paso de la historia, que podemos ver el mundo desde nuestros caminos y a la vez prender el canto que lleva nuestra vida. Porque cantos y prestamos de cantos hay muchos, podemos coger historias de todos los lados y dejar de vivir nuestro propio canto. 
(historia del cuscungo y el mochilero)
Contare con estas y otras palabras la manera de ver el mundo desde lo que tenemos en estas regiones. Cuando iniciamos hace unos meses el acompañamiento a la comunidad de Muellamues, y empezamos a hacer un documental sobre el legado ancestral que se encuentra en Tulpud, fuimos encontrando que toda una tradición y unos saberes se escondían en este territorio. Queríamos hacer un rodaje acorde a la cotidianidad  de la comunidad, y fue ahí que para hacerlo acorde a estas tradiciones, para seguir la construcción de esta casa del saber, fuimos comprendiendo que el calendario lunar es mas que importante para poder hacer estas construcciones. Uno no puede cortar paja  cuayar en cualquier momento, tampoco la madera y los bejucos que sostendrán la casa, hay que estar muy pendientes de lo que la luna va influyendo, si se corta en quinto de luna la madera se apolilla fácilmente, si se corta el cuayar en luna que no es, este se pudre fácil y se corre el riesgo que la casa se dañe. Todo esto lo fuimos escuchando en palabras de don Alfredo quenan, doña mariana, la profesora lucia moreno y tantos otros comuneros que en esta región van haciendo memoria.  Cuando nos preguntamos por la casa que se iba a construir, fue cuando nos quedamos inquietos porque si bien es una casa tradicional hecha a la manera antigua, como hacer que esta casa permita fortalecer y retomar las historias que permitían mantener viva una tradición. Ahí fuimos entendiendo que estamos inmersos en sistemas de vida que son ajenos a la vida de nuestro territorio, con economías prestadas, con modos de trabajar la tierra muy dispares a la manera tradicional de mantener y cuidarla. Vimos que la soberanía alimentara estaba vulnerada, porque ya no se tiene buen alimento, se come por comer y lo que halla, se lleva a la tulpa lo que se encuentra y no lo que se siembra y se sabe que es bueno para comer. Se envenena de manera constante y sin precaución la tierra,  se llena de cosas inútiles la casa y acumulamos cantidad de cosas innecesarias. Todo esto esta fuera de la casa que tradicionalmente mantenía el equilibrio entre el pensamiento, el trabajo y el andar el territorio.
A pesar de que la tradición esta viva, de que esta mantienen conocimientos que armonizan la vida y con ello el territorio, nosotros preferimos vivir lo que el mundo nos da y los imaginarios que nos hacen creer que el mundo es lo que vemos de afuera. Me pregunto ¿que tan responsables y que tanto somos coherentes con nuestra manera de mantener la vida?
Escribir no es solo mostrar los caminos bellos de una tradición y un legado que se hace visible en medio de estos panoramas siempre enigmáticos como son los que se ficcionan en nombre del progreso y  el desarrollo. Escribir es buscar alternativas de vida para hacer de la vida un canto que permite contar otra historia. Quizás en Muellamues esta casa sea el inicio de un camino por venir donde se enseña a despertar y activar la memoria de las generaciones que vienen, quizás en otros territorios estas iniciativas estén ya dando frutos y se encuentre en un tiempo no muy lejano, una alternativa de sostenibilidad familiar y a la vez de vivencia en el latido sensible de una región, quizás vengan nuevos escritores, nuevos guardianes de memorias que permitan tejer, hilar, contar otras historias en donde el sonido de la calandra deja bajar el espíritu del monte para con el caminar en la vida misma de lo que nos rodea.




[1] Este texto se lee en la presentación del libro en las instalaciones del Banco de la República de Ipiales, el 28 de octubre del 2014. frontera Colombo - Ecuatoriana

martes, 17 de septiembre de 2013

Soplos y visiones (Fragmentos)

Soplos y visiones
Dibujos por: Shihab G

fragmento I

(Caminos de chamanes)

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fragmento II

(Soplo de jaguar)

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fragmento III

(Herederos del rayo)

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fragmento IV

(Illapa)

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Escribir entre tradiciones, arriesgarse en la grafia a mover esos otros hilos en donde se mueve la historia. Quizás no sea tan complicado dejarse ir entre la imagen y los fragmentos que la componen. como decía el támü Mario Ortiz en Atana: "de donde viene el soplo estamos sin cuerpo"... y ahí estamos, andando, conjurando el olvido entre grafía y paginas que en el pasar de los días han de volcar el tiempo a su resplandor y sombra. Tan normal como el amanecer y el sonido del agua filtrándose como chillido de quinde por entre los oídos, o el naranja color de venado que sube por los paramos y se hace nuevamente un saludo al día.

Aquí  Soplos visiones, un modo de entretejer esos olvidos de la memoria.

Shihab G
2013

jueves, 20 de junio de 2013

Antes de la noche

Lápiz / digital

MUTACIONES II


1 La escritura adviene entre el silencio
Hace unos años tras una noche de Yagé, al píe de una joven planta que crecía en los alrededores de la maloca de Luis Flores el yagecero con quien tuve la oportunidad de cocinar yagé durante cuatro años, recibí una pluma. Este don, se me dijo, se me ofrecía para que escribiera lo que me sucediera, mientras mi relación con el Yagé durase. Desde esa noche la búsqueda de una escritura que reflejara la vivencia de la relación con el yagé ha sido continua, entre signos y cifras, sentidos y miradas, las palabras han ido adquiriendo el tono y el sabor de una escritura que podría llamar, de la pinta, la traza y el signo, intempestivos, de una relación con lo desconocido.

 
2 El silencio es el color del pensamiento
Un día tras la jornada de lavar y majar el bejuco del yagé, de acarrear los guangos de leña y trasvasar el agua de las ollas, tocamos. Los tambores y maracas resonaban al son de una música que se aunaba a la vibración de las hojas entre el viento, a las cigarras y a las ranas, un coro y la multiplicación de voces al infinito, todo ahí, alrededor del fuego. De pronto sobrevino sobre nosotros un viento de la selva, que Luis canto diciendo: “viento, viento, luz del pensamiento…” entre las frases y las letras, las hojas y los vientos, sentí el viento-luz-color-pensamiento recorrer mi cuerpo y atravesar mi ser.



3 Pintar la sangre
Comprendí un día recostado sobre una de las rocas entre el río, que la escritura y la vida debían unirse para producir sentido. Que si hablaba sobre lo visto debía transformarme en lo dicho y en la narración exponer el sentido sin límite. Tal como la piedra estaba entre el río, el sentido debía brotar como la espuma y la gota, el meandro y la limpidez del agua.
El imperativo de hablar con sentido se transformó entonces en la urgencia por decir y en esa dramática singular, me encontré ante la paradoja de una poética de lo invisible, de una estética de lo desconocido, de una filosofía de lo inaudito, de mi vida reflejada entre la corriente del río, abierta a los cruces de caminos donde la sangre se pinta y se transparenta.



4 Darse
Ese día, entre el mortero y la leña, las chispas del fuego entre la roca, el agua y la transparencia de la noche, decidí hacerme parte de lo invisible, lo desconocido, lo inaudito, de una vida que resonara con las vidas de los mundos y las naturalezas, los vientos, los tiempos y las corrientes, las muertes y cada nacer.
Ese día ahora son todos y entre la vida que brota por entre los senderos que lo surcan, abraso la vida en su don inmediato.


Mario Madroñero Morillo. 
Popayán Noviembre 6 de 2011

Bibliografía
Madroñero Morillo. (1999) Corazón de Jaguar. Tesis de grado. Licenciatura en Filosofía y Letras. Universidad de Nariño. Inédito.
*Las imágenes que acompañan el texto hacen parte de: “Corazón de Jaguar” y fueron realizadas por el autor.
Dimensión: 20 cm x 18 cm.
Técnica: mixta. 

MUTACIONES I


1. Antropología negativa
La modernidad se caracteriza por la relevancia del sujeto y la delimitación de su acción a partir de la reducción que del ser, proponen las formaciones discursivas que estructuran la razón de las ciencias humanas y exactas, y que verá en la epistemología general y particular (de los universales a la regionalización y racionalización de la verdad institucional), su expresión.
La modernidad expone de este modo la paradoja de una ciencia humana sin ser y por tanto de una ontología sin humanidad, nicho epistemológico de las series de ciencias y meta-ciencias que forman el discurso epistemológico de la modernidad y la postmodernidad, que en tanto márgenes de comprensión de la historia de las ciencias, delimitan el hoyo negro de su propia historia. Hoyo negro por el que lo humano se disuelve y por el que el ser desaparece; no solo por el diagnóstico que delimita Heidegger en “Ser y Tiempo” a partir de la re-significación y reformulación de la pregunta por el ser que sintetiza la relevancia del sujeto en el concepto de dasein y que traducido por Sartre en “El ser y la nada” se lee como “existencia”; sino sobre todo por la proposición de pensadores como Benjamin y Rosenzweig, quienes proponen un ahondamiento en la desaparición del ser a partir de la relevancia del sujeto y que a partir del movimiento contra-epistemológico que realizan y de la inversión categórica que sostienen, permiten por ejemplo a  Levinas hablar de una fenomenología sin dasein –por tanto sin horizonte y sin cosmovisión–, que asume la dimensión política de la formación de una antropología sin humanidad, que verá el lugar de su praxis  en una otra noción de cultura, propuesta por Theodor Adorno, como el lugar de la exaltación de la barbarie[1]y la relevancia del sujeto. 
Conceptos con los que se pretende cubrir el hoyo negro de la historia del ser y que produce una antropología negativa de doble registro, el primero que asume las formaciones discursivas sobre la cultura de la antropología alemana, francesa e inglesa que sustentan la formación de la antropología norteamericana (Kuper, 2001) y el segundo el de la crítica interna que las formaciones discursivas de estas cuatro antropologías forman y que expondrá hasta mediados de los 90’s su crisis, pero que en el discurso curiosamente inaudito de pensadores como Levi Strauss y Geertz, encontrará una de sus primeras vías de fuga, sobre todo y a partir de la relectura de la antropología y la apuesta dialógica que suscita la conversación con pensadores de la exterioridad antropológica como Foucault, Stengers, Deleuze y Guattari, Derrida y Jean Luc Nancy, que afectan la reducción cosmovisionaria de la antropología moderna, y que no invierte la negatividad de la antropología sino que la asume como la remoción del ser y la clausura para el concepto de humanidad que presupone.
Permitiendo la emergencia de una antropología de la exterioridad, del devenir y la fuga, la desconstrucción y la declosión[2], más atenta a lo que sus interlocutores subalternos o extra-alternos, tienen que decir, pues será en el reconocimiento forzado por la carencia de un pensar diferente, que lo que se ha delimitado como Occidente, desvía la mirada, para romper la contemplación cosmovisionaria que de sí provoca el espejo del ser y que permite por ejemplo a pensadores de la antropología como Viveiros de Castro proponer que la antropología se debería pensar en la asunción de una misión nueva, la de “ser la teoría-práctica de la descolonización permanente del pensamiento” (2010) y que sustenta en la apuesta por la emergencia del “antinarciso”, es decir, la inversión de la especulación trascendental, el desmontaje de la razón pura y la desconstrucción de la cosmovisión, cuya remoción revoluciona la concepción antropológica del mundo (Latour, 2007) y expone a las consecuencias de alteridad, el ser y la identidad.              

2 El temblor del ser
La remoción ontológica de los fundamentos del ser, evoca la paradoja del ser y su permanencia, desde una ontología negativa que desfonda la identidad, hasta la emergencia de la vida sin ser que expone lo no humano de sí y que se relata como experiencia extática o de alteridad. El temblor del ser, desde la perspectiva extática del pensamiento y las relaciones con el mundo que suscita, se comprende como el eschatón, el temblor y resquebrajamiento de la comprensión unitaria que de la vida y el mundo tiene el ser y que en la partición de sí que expone la revolución extática de la presencia, encontrará lo otro de sí y el mundo, es decir la alteridad enésima de lo que se racionaliza como totalidad y que constituye la comprensión de la temporalidad como intempestividad, cuestión que Nietzsche refiere y que le sirve para conjurar el nihilismo, como “lógica intrínseca de Occidente” y fundamento de la antropología negativa.
El temblor del ser provoca relaciones de alteridad, que se evidencian en las experiencias que las prácticas chamánicas evocan, sobre todo en la forma en la que la vivencia extática de la mística enteógena expone y que en el caso de una concepción vernácula[3] del ser-estar-fuera-de-sí, se propone como “estar cogido” y “estar chumado”, “estar llevado” por lo otro, en donde: -estar–refleja la manifestación del corpus de la remoción, pues se trata de una vivencia afirmativa del temblor del ser, que en el caso del estar cogido por lo otro de sí, -siendo otro que sí evoca lo no humano del devenir y de ahí la desconstrucción de la identidad; remoción del ser que expone la paradoja de su representación, por ejemplo en la emergencia de la animalidad y de lo no humano y que en el pensar enteógeno tiene su lugar de exposición en la correlación ontoteológica del ser-multinatural que por ejemplo la encarnación de alteridad conlleva y que encuentra en la fisión entre seres de naturalezas diferentes, sus formas de presentación inmediata, que tienen su lugar de exposición en lo que se comprende desde esta perspectiva como el campo de acción trasinmanente[4] que los mitos en tanto espacios y tiempos de acontecimientos de alteridad evocan y que permiten pensar en el chamanismo como el corpus de una teoría práctica de la mutación del ser.      

3 Mutaciones
Entre la danza la emergencia de un pensamiento diferente es evidente, patente en cada gesto y paso, en la traza que refleja la tierra.
El ser desiste y entre la precipitación de saber que la música provoca, lo inimaginable ocurre, en el encuentro de tiempos que hacen del presente el umbral, por el cual la vida fluye.
Pensar es danzar, escribir es aprender a caminar,  sin horizonte, entre el tiempo que provoca cada intervalo entre el paso y el gesto, el pensar y la remoción del ser, cada vez que el pensar se pinta.
Pintarse es tocar lo otro de cada presente, hacerse entre la disolución otro, cuando la música desaparece y el ritmo se disuelve en el continuum del sentido, del sonido y el furor poético de la vida expuesta, sin coartadas, en  la diseminación de la voz que en la desarticulación de las lenguas, decluye el sentido del ser, de lo humano, las naturalezas y las vidas que en el cruce de los cantos, de los vientos y las corrientes, los orígenes y las presencias trasmuta el lugar del ser, cada vez que un cuerpo roza a otro, en la caricia del sentido que dona la comunicación con otro, entre la multitud.

Mario Madroñero Morillo
Popayán. Octubre 30 de 2011


[1] La propuesta de Theodor Adorno, se contextualiza en  la segunda guerra mundial, y en el reto que presenta al humanismo y a las ciencias cosmovisionarias, pensar lo humano tras Auschwitz. El contexto problematiza las formaciones discursivas de la modernidad y postmodernidad, y permite problematizar la historia de las ciencias y su relación con la producción de conocimientos a partir de epistemologías al servicio de los Estados  y la formación de las filosofías nacionales poscoloniales que hacen del humanismo la negación de alteridad a partir de su clasificación, lo que permite teorizar la alteración del ser, desde las categorías antropológicas de “primitivo, bárbaro u otro” como destaca Johannes Fabian, la resolución antropológica de la “política del tiempo” aplicada a la comprensión de lo desconocido de “la cultura de los otros”, y que provoca una epistemología de la desaparición de la diferencia que asume al otro como la muerte de la identidad. En este sentido la antropología sería la teoría del terror al otro, y las formas de su epistemología, la racionalización del miedo que ese otro provoca.

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[2] La declosión a partir de la propuesta de Jean Luc Nancy expone que “La eclosión del mundo debería pensarse en su radicalidad: no más una eclosión sobre el fondo de un mundo dado, o por un creador dado, sino la eclosión de la eclosión misma y el espaciamiento del espacio mismo.” (…) “Un nuevo inicio de la creación” – debido a que se trata de comprender que– “Los lugares son dislocados y puestos en fuga por un espaciamiento que los precede y que, solamente más tarde, dará lugar a dioses nuevos. Ni lugar, ni cielo, ni dioses: por el momento, la declosión general, más que la eclosión.” –En el punto en el que ésta conlleva: “desmantelar, desmontar las cerraduras, los encierros, las clausuras. “-ya que se trata de la– “Desconstrucción de la propiedad, por tanto del ser humano y el mundo” (Nancy, 2005:230) La traducción parcial es mía.

[3] La concepción vernácula conlleva la producción de conceptos desde la praxis de una “política indígena vernacular”, expuesta por Marisol de la Cadena al asumir que no se trata de responder a la pregunta sobre, porque: “los políticos indígenas serían tan ingenuos o altruistas como para estar luchando únicamente hasta el límite de los derechos que les han sido asignados por una constitución que no es la suya, que no les permite una oportunidad a su no modernidad?” – sino de comprender que en el intervalo que permite la pregunta, es en donde la soberanía se desmonta, pues tal como resalta es ahí en donde: “comienza lo político: más allá de la cultura y más allá de la política” (150 - 161).

[4]Jean Luc Nancy propone en referencia a la partición del lugar que esta remoción del ser conlleva en la dimensión estética que comporta, que: “El toque de los sentidos podrá, pues, repartirse y clasificarse de tantas maneras como se desee: lo que lo hace ser el toque que es, es una dislocación, una heterogeneización de principio. (…) En otro vocabulario,  podríamos decir: toca la inmanencia y la trascendencia del tacto, cosa que puede también enunciarse de la siguiente manera: la transinmanencia del ser en el mundo. El arte no tiene que ver con el “mundo” entendido como exterioridad simple, medio o naturaleza. Tiene que ver con el ser en el mundo en su propio surgimiento” (Nancy, 2008:31). –lo que se evoca aquí como mutación es el concepto que comprende la remoción temporal que la heterogénesis conlleva al constituir presencia, al devenir y encarnar alteridad.

Bibliografía
De la CADENA. Marisol. (2008) Política indígena: un análisis más allá de la política. En:. RAM/WAM. Red de antropologías del mundo. No 4. Abril.  Páginas 139 a 171.
KUPER. Adam. (2001) Cultura. La versión de los antropólogos. Paidós básica. Barcelona
LATOUR. Bruno. (2007) Nunca fuimos modernos. Ensayo de antropología simétrica. Siglo XXI. Argentina. Traducción: Victor Goldstein.
NANCY. Jean-Luc. (2005) La déclosión (Déconstruction del christianisme 1). Galilée. Paris.
___ (2008) Las Musas. Amorrortú. Buenos Aires. Traducción: Horacio Pons.  
 VIVEIROS de Castro. Eduardo. (2010) Metafísicas caníbales. Líneas de antropología postestructural. Katz. Editores. Buenos Aires. Traducción: Stella Mastrangelo.